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El Lado Oscuro de Toledo

07 febrero 2018 Categorías: España

«El sacrificado debe ser varón. La sangre de una mujer puede estar infectada, porque se encuentran entre los pocos guardianes de la inocencia. Su alma debe estar libre del pecado original y su cuerpo no debe haber sido manchado con agua bendita, por lo que no debe haber sido bautizado. Ni su cuerpo ni su alma deben estar completamente formados y no debe haber sido abandonado. No debe tener ninguna marca ni señal en su piel hecha para indicar que él pertenece a la gran familia del diablo. «

Así es como comienza una descripción detallada sobre cómo hacer un sacrificio a Satanás, una descripción que se remonta al siglo XVI, y que Vd. puede explorar más a fondo haciendo una pequeña excursión desde Madrid.

A tan solo una hora de la capital española se encuentra la majestuosa ciudad de Toledo, un asentimiento histórico donde antiguamente se encontraba la corte real y donde aún reside una figura importante de la iglesia española, el arzobispo de Toledo.

Una ciudad con una larga historia, donde es posible percibir un ambiente perturbador nada mas llegar, pasando por debajo de lo que se llama ‘el arco de la sangre’.

Una vez dentro de las murallas de Toledo, las atracciones para Vds., amantes del misterio, son innumerables. Hay un museo dedicado a la Inquisición española, uno dedicado a la tortura y otro dedicado a los Caballeros Templarios. Si bien tiene Vd. muchas opciones, mi consejo es que se pierda en el museo de la brujería.

Las exposiciones muestran material de épocas diferentes de la historia, recopilado por un comerciante italiano conocido como Signor Alessandro. Más de 300 piezas nos transportan a un mundo oscuro habitado por criaturas inusuales y sustancias extrañas. Poco a poco, se va adentrando en un mundo muy alejado de la tecnología moderna… un mundo hostil y peligroso.

Aprenderá sobre los diversos tipos de veneno que mataron silenciosamente a miles de personas a lo largo de la historia. Esta era una manera ingeniosa de deshacerse de sus enemigos, tal vez escondiendo esta sustancia mortal dentro de uno de los muchos anillos que los nobles solían lucir en sus manos blancas como lirios.

Pero la Edad Media no fue solo una época de veneno, también se utilizaron drogas naturales. Los mismos venenos, en dosis contenidas, se usaron para invocar experiencias que expandieron la percepción humana. El opio, el ajenjo y la mandrágora eran hierbas que, a través de tratamientos especiales, creaban sensaciones nuevas y fascinantes.

Y donde las drogas fallaron, los afrodisíacos tuvieron éxito. Todos, hombres y mujeres por igual (y no nos engañemos), usaron sustancias y objetos para despertar sus apetitos sexuales, o simplemente para satisfacerlos.

El uso de estas sustancias no era, sin embargo, algo que pudiera improvisarse de la noche a la mañana. Había mujeres que tenían un enorme conocimiento de las plantas y las hierbas, y que pusieron su experiencia al servicio de los demás.

Estas mujeres son conocidas hoy como brujas.

Para empezar, tener un conocimiento que sobrepasara la ciencia de la época se consideraba una ofensa para el Señor. Si a esto le sumamos el hecho de que se trataba de mujeres libres, que a menudo se alejaban de la sociedad para llevar una existencia más natural, entendemos que su estilo de vida y su ideología podrían representar una seria amenaza para toda la comunidad.

Como consecuencia, durante siglos estas mujeres fueron capturadas y quemadas en la hoguera, después de confesar sus presuntas fechorías y su relación con un «demonio» del que previamente habían sido ajenas, pero a quien que tal vez recurrieron en sus momentos finales para aliviar los dolores de tortura.

Otra parte de la exposición del museo está dedicada a esos dispositivos infernales de tortura con los cuales los «justos» castigaban a aquellos seres que habían sido corrompidos por el demonio.

Uno de los castigos infligidos a estas pobres mujeres fue la llamada ‘cuna de Judas’. La práctica consistía en colocar a la mujer condenada en una pequeña pirámide puntiaguda levantada del suelo por un poste. Los efectos de la gravedad y el peso de la víctima se exacerbaron al ejercer presión sobre los brazos y las piernas de la víctima, tirando hacia abajo y causando la penetración dolorosa de la pirámide en el orificio anal o vaginal.

Imaginar cuantas personas sufrieron e incluso fallecieron por culpa de estos artefactos infernales da escalofríos. Sin embargo, es más difícil juzgar a los torturadores cuando se toma en cuenta sus creencias religiosas. Creían sinceramente que infligían castigo a los defensores del diablo … brujas reales.

Dentro del museo encontrarán un gran libro que describe, paso a paso, el sacrificio ritual necesario para invocar la aparición de Satanás. El bebé necesario para la ceremonia fue secuestrado y asesinado sobre un cubo, del cual se recogió la sangre como ofrenda al diablo.

Los rituales descritos en el libro son variados y complejos, por lo que sería fácil cometer un pequeño error. Y tal vez los seguidores de Beelzebub, creyendo que el fracaso en invocar una aparición del demonio se debió a un fallo por su parte, procedieron a buscar un nuevo bebé.

El resultado del sacrificio fue, según estas creencias, la aparición del demonio en carne y hueso. En caso de aparecer, habría sido recibido por brujas totalmente desnudas, ofreciéndole su propio sexo, listas para que el mal las poseyera e inseminara un linaje de demonios.

Hoy en día, quizás nos resulta difícil imaginar cómo alguien podría participar en esos horribles rituales. Mirando atrás a través de la historia, sin embargo, desde un momento en que los hombres continúan masacrando a sus semejantes sin ningún sentimiento de culpabilidad, quizás podría decir que el diablo realmente ha logrado dar vida a sus propios hijos.

 

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Traducido del artículo original de Renato Capoccia

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